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Lugar: Jr. Camaná, Lima. |
Aveces la obsesión nos conduce a un desenfreno total y sincero de nuestras emociones, ahí es donde los locos bailan tango con el pañuelo cuerdo de sus sentimientos. Son esos momentos en donde no existe definición alguna de libertad.
Ayer encaminé mis pasos hacia el Centro de Lima con la mejor arma que puede conseguir un exhibicionista de recuerdos y sensaciones: una cámara fotográfica. Dicen que buenos zapatos te llevan a buenos lugares, siempre consideré esa frase demasiado superficial para mi gusto o para colgarla en mi blog (ya lo hice ¿verdad?), como sea. No llevaba buenos zapatos, pero el lugar era bueno, muy bueno.
Hace un tiempo me obsesioné con esta casa y es extraño porque a mi edad uno se obsesiona con un celular touch, una vestido de catálogo o unos zapatos taco aguja, pero no. Siento que esta casa me habla y me cuenta secretos, de los que escucha en las noches frías del Centro y cuando bordeo sus costados me susurra despacio como una caricia, casi dormida, quietecita como ella. Yo no sé. Me contaron que esta casa guarda una historia sangrienta, como para mirarla de reojo y con miedo. Para se sincera no la recuerdo. Mi obsesión es absurda, lo sé, pero si las cosas normales no me obsesionan no tengo remedio que optar por lo anormal. ¡Algo tiene que obsesionarme! y esta casa de antaño es perfecta, es completa; es mía.