viernes, agosto 25, 2017

Decisiones

Tomaré verdaderas decisiones respecto a la naturaleza de mis problemas. Problemas que aparecen en periodos insignificantes y destruye todo a su paso, como mi futuro, mis proyecciones, mi vida. Me siento muy sola en un ritmo que no secunda a la muerte, pero hablar de soledad es como retroceder en el tiempo y enfrentarme con la infancia cálida que nunca tuve. En un hora o menos, cuando termine de pinchar las letras del teclado, volveré a la cama e intentaré dormir mientras corre la serie de la semana por cuarta vez en el año. Despertaré con los mismos dolores, con la misma pesadez, con las mismas ganas de mandar todo a la mierda. Quiero planear mi partida sin despedidas. Me siento anclada a una rutina cíclica sin futuro. Anclada como hace un año pero sin esta salida que libera, esta salida llamada escritura.

jueves, agosto 24, 2017

4 años


Me pesan más de 4 años intentando escribir pasajes de mi vida. Este inicio no fue planeado sino nace como una necesidad para liberar todos estos demonios que frecuentan mi cabeza. La terapia de hace un año tuvo su época dorada sin derrotas pero hoy la depresión me ha arrancado, nuevamente, la esperanza. Tal vez la cura a corto plazo la elaboró mi subconsciente en un intento por luchar con la poca fe que quedaba en mi alma, mi mente. Es una lucha constante. Los detalles son diminutos o enormes. Como escuchar "Here come the sun" y creer que todo estará bien. Ver dibujos de la infancia y encontrar mi sonrisa inocencia de esos días y volver a sonreir. Bailar, bailar mucho. Olvidar mis dolores y que ellos se olviden de mí. Curar mis males con responsabilidad y decisión. Intento construir un edificio de emociones con ventanas abiertas, que mantengan mi energía de pie y no caer. Me pesan más de 4 años intentando escribir. Pero hoy ya no pesan tanto.

miércoles, agosto 26, 2015

"Bien"

Me pregunto si mamá recordará mis episodios depresivos o cuando intentaba explicarle con la mirada y el llanto que este estado no era normal. Recordará las pastillas nocturnas que mantenían mi equilibrio a las que ella llamaba "para el dolor de cabeza". Recordará cuando papá subió por segunda vez a mi celda olvidada en el último piso con techo de madera y palomas muertas sobre ella. Recordará ese día cuando papá me tocó la frente y preguntó si tenía fiebre. No, papá, no tenía fiebre, estaba deprimida. La depresión es un mal fisiológico del cuál no debería avergonzarme. Pero a mamá le avergonzaba. Le avergonzaba tener a una hija deprimida.
Hace días dejé de responder mensajes importantes. Las clases en la universidad y las mentiras entorno a ella no me dejan tranquila. Estoy ansiosa todo el tiempo, como si esperara algo o a alguien. En qué momento volvía a caer. Todo estaba bien. O tal vez todo ese "bien" era una simple ilusión de descanso en mi subconsciente que me obligaba a seguir.

jueves, julio 18, 2013

Jueves


Me encontré microscópica y sus ojos eran otros, no eran los de hace un año con historias clavadas en libros de Dostoievski, Hobbes o Tolstói. Eran otros. Hablaban de una transformación progresiva. 
Cuando Abril atropelló mis recuerdos, lo escuchaba en mis entrañas. Era él con canciones de cuna, con versos tendidos sobre sus pasos lejanos y mis poemas subversivos. Entonces cambio de piel cada mañana, porque mi aroma homogéneo deja rastro en su trayecto y tal vez ha de buscarme, tal vez ha de encontrarme. 
A veces imagino mi vida como una secuela infinita de la suya y encuentro la felicidad entre sus manos tibias. Vivimos pensando que el diálogo de mediodía es un anticonceptivo que nos recetó un amor blasfema. Pero es blasfema, como todo lo que compartimos: el aire, el frío de invierno, una mirada. Su mirada con fines pedagógicos. Su mirada esquiva y entretenida. 
Bach mantiene mi equilibrio en madrugada. Inhumana e insensible.
Afuera es jueves y aquí es invierno.




domingo, junio 16, 2013

Cuando todo acabe



Cuando todo acabe, volveremos a observarnos lejanos. Seremos dos extraños con recuerdos tatuados sobre los muros de Quilca.
Volveré a mis asuntos y usted a los suyos. 
Porque cuando todo acabe, mi Sartre valiente, se activarán sus promesas de Mayo. No le perderé la fe, seré su compañera de vida, la historia nos obliga, y ante tal dictadura me subordino hasta los huesos. 
Leal a sus relatos, podremos rozar otros cuerpos por los siglos de los siglos y nuestras emociones volverán ilesas de la guerra contra el olvido o la amnesia en madrugada. 
En el último piso de nuestra libertad oprimida, su dedos entrelazados con lo míos. Me hablaba de la existencia, del principio y el fin, de nosotros.
Cuando todo acabe, mi bolchevique enamorado, le presentaré a ese niño llamado miedo y usted reirá conmigo.

Pero aún no acaba, ojitos claros, mas me iré despidiendo en cada saludo continuo, en cada pasillo compartido.


Es todo.





Andrés Calamaro - Paloma

miércoles, mayo 22, 2013

Alma periodista II





Me asomé por la feria de libros que merodeaba y perturbaba las afueras de la facultad. Me encontré con el libro de Sábato "...sin libertad nada vale la pena." Hallé la relación casi furtiva entre mi vida, allá afuera, y ésta, la de comunicadora en masas. Entonces descubrí que mi libertad no conlleva instantes minúsculos en lo que quiero hacer, en lo que hago; sino trasciende a mis deseos inhóspitos y marchitos, lleno de telarañas. Va más allá de mi dura y larga trayectoria indecisa. De pronto recordé a Rosa Maria Palacios por los pasadizos del canal, tomando a éste como pieza infatigable a su sarcástica y exitosa entrevista. Me ha dado un buen inicio. Y aseguré mi decisión en medio de voces tachadas, reclamos, insultos o que sé yo... 

Me iba por los pasillos de Derecho, saludé a un amigo de esos que obtienen esa facultad de aparecer y reaparecer en situaciones impensadas. Me sonrió, y por consiguiente introdujo los brazos en su mochila azul marino, lo extrajo con tanta fuerza, como si este libro no fuese menos liviano que un trofeo de resina, pero vamos que un trofeo, sí es. "La resistencia" de Sábato, es tuyo, tómalo como un regalo. Volví a encontrarme con la dichosa frase "...sin libertad nada vale la pena". Estos días confabulan contra la normalidad de mi supervivencia.



domingo, mayo 19, 2013

Desconocidos


-Estoy muy nervioso, la esperanza es una pastilla antidepresiva a mi favor. No sé si fumarme toda esta cajetilla o seguir esperando entre los pasillos. No tengo idea de quién es ella, pero hemos cruzado miradas, esas miradas que curvan y resumen la vida que nos espera juntos... juntos y desconocidos. Me ha dado esperanzas. Todos las tardes me pierdo en su sonrisa y en su manera curiosa de mirar, sin mirarme ¿sabes lo que significa? significa que puedo seguir esperando, esperar aquí, como siempre, entre los pasillos.

-La vida es muy corta para seguir esperando.

Me sonrió mientras le daba el último adiós a uno de sus cigarrillos. 
No sé de dónde apareció este hombre lírico, de los pocos que uno encuentra en las tardes frías de Mayo. Un intruso entre mis dudas existenciales de pasillos revoltosos. En ese momento en donde mi quehacer era nulo, él se mostró, reemplazando el respectivo y cortes "Hola". Recuerdo, hace días, una interacción extraña  con él, la primera y única vez que cruzamos palabras. Él murmuraba una canción que amaba en secreto y cuidaba con recelo. 

-"Yo no quiero domingos por la tarde, yo no quiero columpio en el jardín. Lo que yo quiero, corazón cobarde, es que mueras por mí."

-Sabina ¿verdad?

-"Y morirme contigo si te matas, y matarme contigo si te mueres. Porque el amor cuando no muere mata, porque amores que matan nunca mueren."

Entonces desapareció entre los pasillos de Derecho y yo me quedé con con ese dejavú de haber visto esta escena en alguna película y créanme, no acabó bien. 

-¿Crees que debería arriesgar? Ella me da vestigios de interesarle tanto como ella me interesa a mi, pero tal vez el miedo a no encontrar lo que tanto espero me limita y no solo eso, una relación en este crudo momento de mi vida seria perjudicial para todos. Creo que por ahora viviré ilusionado y esperando, con la idea de encontrarme nuevamente entre sus ojos todas las tardes.

-Nada te limitar, arriésgate y no esperes. Eso es de cobardes.

Realmente fueron dos oraciones finales, las únicas que atine a decir a su larga y efusiva verborrea enamorada. Aseguró seguir esperando a las afuera de su aula. Se fue.
Durante los doce minutos siguientes en ese pasillo, pensaba en él y en la continuidad de sus días. Lo más curioso fue cuando empecé a meditar sobre mi situación, yo también estaba esperando. Esperaba a las afueras de una de las aulas de Ciencias Políticas. Esperaba igualmente encontrarme con otros ojos, pero estos si eran conocidos, los conocía muy bien. Me vi hipócrita decir que esperar era de cobardes o que la vida era muy corta para hacerlo. Prendí un cigarrillo y reía en silencio.



Joaquin Sabina - Contigo