- Si supiera que todo fue una mentira, tal vez pediría explicaciones de mi adiós, Iván. Debí ser consecuente, pero la impotencia pudo más que mis actos, estúpidos, pero actos al fin. Por otro lado, por ese pasadizo desconocido de la verdad, de sus dramas premeditados, dime quién olvida sus mentiras o sus contradicciones. Así es, a veces cuesta entender. Además, era poco o nada mi participación formal en su vida, pero vamos, que sabrás tú de la vida, amigo.
Mientras cruzábamos el comedor de la facultad, podía sentir la cruda mirada de Iván sobre mis hombros, era él, mi mejor amigo condenándome a la guillotina moral.
- Rarita, para comenzar, de la vida, tú y yo no sabemos ni un pepino, no me jodas y para terminar, no existe peor mentira que engañarse a sí mismo.
- No, no se trata de eso, este nos es un debate ético, querido. Me apena mentir e involucrar a terceros en mis cuentas negras, no es justo para nadie y mucho menos para ti.
La plataforma se encontraba repleta de seres inanimados, mecanizados en la rutina universitaria. Entonces, recordé la última procesión que truncó mi clase, todos le daban el adiós al último aprista, se nos fue señores, a hacerle compañía a Haya de la Torre. ¡Vaya! uno menos.
Se incomodó, empieza a odiarme, es el momento de su fidedigno discurso. Le miré de reojo pero no mencionó palabra alguna, sonrió, levantó sus cosas de la mesita de ajedrez y se fue. ¿Ahora qué dije? Iván dejó de sorprenderme hace mucho, pero vamos, es mi mejor amigo y lo adoro. Él no me abandonará, a diferencia de esos amoríos... ¿amoríos? yo ya no entiendo de esas cosas.

.jpg)