miércoles, mayo 22, 2013

Alma periodista II





Me asomé por la feria de libros que merodeaba y perturbaba las afueras de la facultad. Me encontré con el libro de Sábato "...sin libertad nada vale la pena." Hallé la relación casi furtiva entre mi vida, allá afuera, y ésta, la de comunicadora en masas. Entonces descubrí que mi libertad no conlleva instantes minúsculos en lo que quiero hacer, en lo que hago; sino trasciende a mis deseos inhóspitos y marchitos, lleno de telarañas. Va más allá de mi dura y larga trayectoria indecisa. De pronto recordé a Rosa Maria Palacios por los pasadizos del canal, tomando a éste como pieza infatigable a su sarcástica y exitosa entrevista. Me ha dado un buen inicio. Y aseguré mi decisión en medio de voces tachadas, reclamos, insultos o que sé yo... 

Me iba por los pasillos de Derecho, saludé a un amigo de esos que obtienen esa facultad de aparecer y reaparecer en situaciones impensadas. Me sonrió, y por consiguiente introdujo los brazos en su mochila azul marino, lo extrajo con tanta fuerza, como si este libro no fuese menos liviano que un trofeo de resina, pero vamos que un trofeo, sí es. "La resistencia" de Sábato, es tuyo, tómalo como un regalo. Volví a encontrarme con la dichosa frase "...sin libertad nada vale la pena". Estos días confabulan contra la normalidad de mi supervivencia.



domingo, mayo 19, 2013

Desconocidos


-Estoy muy nervioso, la esperanza es una pastilla antidepresiva a mi favor. No sé si fumarme toda esta cajetilla o seguir esperando entre los pasillos. No tengo idea de quién es ella, pero hemos cruzado miradas, esas miradas que curvan y resumen la vida que nos espera juntos... juntos y desconocidos. Me ha dado esperanzas. Todos las tardes me pierdo en su sonrisa y en su manera curiosa de mirar, sin mirarme ¿sabes lo que significa? significa que puedo seguir esperando, esperar aquí, como siempre, entre los pasillos.

-La vida es muy corta para seguir esperando.

Me sonrió mientras le daba el último adiós a uno de sus cigarrillos. 
No sé de dónde apareció este hombre lírico, de los pocos que uno encuentra en las tardes frías de Mayo. Un intruso entre mis dudas existenciales de pasillos revoltosos. En ese momento en donde mi quehacer era nulo, él se mostró, reemplazando el respectivo y cortes "Hola". Recuerdo, hace días, una interacción extraña  con él, la primera y única vez que cruzamos palabras. Él murmuraba una canción que amaba en secreto y cuidaba con recelo. 

-"Yo no quiero domingos por la tarde, yo no quiero columpio en el jardín. Lo que yo quiero, corazón cobarde, es que mueras por mí."

-Sabina ¿verdad?

-"Y morirme contigo si te matas, y matarme contigo si te mueres. Porque el amor cuando no muere mata, porque amores que matan nunca mueren."

Entonces desapareció entre los pasillos de Derecho y yo me quedé con con ese dejavú de haber visto esta escena en alguna película y créanme, no acabó bien. 

-¿Crees que debería arriesgar? Ella me da vestigios de interesarle tanto como ella me interesa a mi, pero tal vez el miedo a no encontrar lo que tanto espero me limita y no solo eso, una relación en este crudo momento de mi vida seria perjudicial para todos. Creo que por ahora viviré ilusionado y esperando, con la idea de encontrarme nuevamente entre sus ojos todas las tardes.

-Nada te limitar, arriésgate y no esperes. Eso es de cobardes.

Realmente fueron dos oraciones finales, las únicas que atine a decir a su larga y efusiva verborrea enamorada. Aseguró seguir esperando a las afuera de su aula. Se fue.
Durante los doce minutos siguientes en ese pasillo, pensaba en él y en la continuidad de sus días. Lo más curioso fue cuando empecé a meditar sobre mi situación, yo también estaba esperando. Esperaba a las afueras de una de las aulas de Ciencias Políticas. Esperaba igualmente encontrarme con otros ojos, pero estos si eran conocidos, los conocía muy bien. Me vi hipócrita decir que esperar era de cobardes o que la vida era muy corta para hacerlo. Prendí un cigarrillo y reía en silencio.



Joaquin Sabina - Contigo

martes, mayo 07, 2013

Escena II



Desperté acurrucada sobre su silueta, con los brazos tibios y sus ojitos húmedos. Me miró como siempre; de reojo, entretanto su débil sonrisa armonizaba con la mañana. "Nos vemos extraños en el espejo" me dijo, mientras abrazaba mi pequeña y tersa figura.

"Eres la persona que más quiero junto a mi madre, bueno, estás por ahí, Lina" ya no sentía ese extraño correteo relajante, cuando escuchaba un "te quiero" de sus labios tercos. Incluso la emoción ya no me desbordaba el alma, ubicada entre sus pupilas, no. Lo que sucedía iba más allá que un querer mutuo o alguna clase de fraternidad selecta, iba más allá que un sentimiento humano, normal o natural. Cruzamos esas calles vacías que abrumaban la noche de aires secos y luces opacas. Pasaban las horas entre cuentos y cigarrillos. En minutos nos vimos abrazados, rodeando sus labios con los míos, y encontrándonos como quien encuentra un objeto perdido de una infancia infeliz. Me disipaba entre sus dedos, entre la telaraña de su mirada tersa y su voz que secuestraba mis pasiones sedientas a él; a mi. 

Entonces desperté acurrucada en la nada y él emanando miradas kilométricas. Nuevamente, respirándonos a diario y en silencio.  



lunes, mayo 06, 2013

Escena I



Y entonces apareció en escena, él y su mirada kilométrica.