Cuando todo acabe, volveremos a observarnos lejanos. Seremos dos extraños con recuerdos tatuados sobre los muros de Quilca.
Volveré a mis asuntos y usted a los suyos.
Volveré a mis asuntos y usted a los suyos.
Porque cuando todo acabe, mi Sartre valiente, se activarán sus promesas de Mayo. No le perderé la fe, seré su compañera de vida, la historia nos obliga, y ante tal dictadura me subordino hasta los huesos.
Leal a sus relatos, podremos rozar otros cuerpos por los siglos de los siglos y nuestras emociones volverán ilesas de la guerra contra el olvido o la amnesia en madrugada.
En el último piso de nuestra libertad oprimida, su dedos entrelazados con lo míos. Me hablaba de la existencia, del principio y el fin, de nosotros.
Cuando todo acabe, mi bolchevique enamorado, le presentaré a ese niño llamado miedo y usted reirá conmigo.
Pero aún no acaba, ojitos claros, mas me iré despidiendo en cada saludo continuo, en cada pasillo compartido.
Es todo.
Andrés Calamaro - Paloma
