jueves, enero 31, 2013

Telaraña


«Necesito salir con más personas. Necesito conocer más, de verdad. No puedo esperar por horas a que tu "visto: 00:31" desaparezca por otro "visto: 12:36"».

No, no entendía. Sus mensajes desde entonces padecían de bipolaridad. Bueno, era de esperarse, el amor le golpeó. Gabriel vive exaltado por sus idilios ofuscados y molestos. Le contagiaron, le inyectaron ese virus sin cura divina. O al menos, eso fue lo que dijo a inicio del verano, susurrándome al oído.

Nuestra última noche caducó con las horas ajustadas. Terminé apoyando la mejilla sobre su hombro izquierdo, mientras jugaba con los botones de su camisa y él cantando cuantas canciones resonaban en el taxi rumbo a casa. Llegamos y desnudó su obsesión eterna por discutir, como para amenizar la noche. Aceleró el paso, arregló con fuerza las esquinas torcidas de su camisa, introdujo la mano derecha al bolsillo buscando su cajetilla (por simple intuición), prendió un cigarrillo y continuó su camino, olvidándome por completo. Yo solo observaba sus gestos porque la idea de discutir con Gabriel, era un diálogo molesto, conocido y estúpido. "Esta bien, Sam, será como tú desees" me dijo, con ese tono de voz tan burlesco y penetrante.

"Necesito aire y aclarar mi mente, Sam". A estas horas de la tarde lo veo abusando de algún cigarrillo descuidado y sin futuro prometedor. Gabriel debe estar recorriendo sus pasos y recuerdos con la receta telefónica que adoptó ayer. No lo culpo, sus insinuaciones desgastaron el tiempo y mi silencio ya no es el mismo. Él sabe lo que sucederá en pocos días, si sus mañanas no se pintan de verdades, verdades y no más mentiras.

Fuera de toda esta brusca telaraña de recuerdos y sucesos. Yo, sinceramente, no entiendo como mi Gabo tierno y tolerante, mutó a esta clase de caricatura asocial y conflictiva. No sé si en todo este tiempo fuera de él, de sus alegrías o tristezas, de sus verdades o mentiras, sus días se poblaron de rutinas masoquistas o en realidad fue contagiado brutalmente. Yo no sé. Solo sé que no es el mismo y créanme que hoy en día, ya nadie lo es.





Luis Ramiro - El café

viernes, enero 25, 2013

Ella se ha ido




Mientras ella ordenaba su partida, yo la miraba de lejos como quién observa una obra de teatro, con esos tiernos detalles que la caracterizan. La miré y ya empezaba a extrañarla. La niñez me invade esta noche y ella no esta conmigo, bostezando bajo mis hombros, acompañando mis poemas e inquietando mis madrugadas.
Ya empiezo a extrañarla. 

La casa tiembla desnuda y este brusco verano me tuerce la ilusión. Ella se ha ido. Me siento hueca, casi vacía, como una pesadilla enferma y ausente. Abandonó las frías mañanas de Lima por un puñado de aires desconocidos, violentos y sedientos a libertad prematura. No veo su silueta frágil abrazando la sábana, ni trenzando mis noches con sus manos tibias. No la veo en el espejo bordando mi alegría o cosiendo mi tristeza. No la veo. 

Retorno al rincón tétrico de su habitación, arrastrando la ira de independencia que hace algunos años, codiciaba con malicia. Ella volverá y ahora mis días jamás serán adictos a su ausencia.






Radiohead - No surprises

martes, enero 15, 2013

¿Alguna vez dije que te odiaba?





La felicidad era introducir mis dedos en los tuyos.

Mi cabello bordea mis hombros húmedos y nuevamente, Rice,
destrozándome el alma, sacudiendo mis vicios clandestinos.
Últimamente estos suspiros me congelan
cuando tu recuerdo tropieza en mi. 
Me siento débil, me siento nada.
Jode tener tu risa enredada en mi piel,
tus caricias inflamadas trepando mi almohada,
aferrándose al recuerdo microscópico de tu cuerpo,
de mi cuerpo.
Es que el odio despertó de su pesadilla absurda.
Despertó de una mentira a coser mi verdad.

¿Alguna vez dije que te odiaba?
¿Alguna vez dije que te odiaba?
¿Alguna vez dije que te odiaba?





(Corregido por No recomendable)


lunes, enero 14, 2013

Enemigos








En aquel momento entendieron que la felicidad conlleva instantes minúsculos, como los amoríos desconocidos. Ella sembraba odio y malicia con sabor putrefacto. Le odiaba, pero no lo sabía; no entendía. Una relación de raíces torcidas vivía bajo el mismo techo ¿cómo saberlo?









jueves, enero 10, 2013

Verano sin promesas



Ella le prometió a mi verano, magnolias y girasoles; esos detalles sobrenaturales que siempre acompañaron a mis tardes de largos caminos y carcajadas. Prometió que no lloraría cuando caduque el verano y me cuidaría como quien cuida su respirar, la paz que transmite su mirada sobre la mía.
Pero ella, a pesar de su ingenuidad, miente como los humanos.
Tengo miedo.




Mago de Oz - Pensando en ti

martes, enero 08, 2013

lunes, enero 07, 2013

Antojos de un final bohemio


Intentaba respirar, porque la única salida hacia mi tranquilidad, era respirar. Clara se convirtió en mi error, todas las mañanas despertaba con rastros de alcohol y yo con sedientas paginas en blanco, con la tristeza corrompida y ese aroma a nada. Se despedía de madrugada con un beso tibio y seco a rondar las calles del Malecón.  Aún no la entendía, como quién no entiende este partido de ajedrez por la tarde ¡No la entendía! Las discusiones se sumaron a las constantes visitas de amigos y los diálogos brindaban por su ausencia. Con el tiempo mis costumbres no se adecuaban a su vida bohemia y pagana, porque nuestras edades diferenciadas en diez años de experiencia vivida, no rozaban ni en la más mínima comprensión. Fue entonces cuando entendí que mi vida comienza cuando acabe la de ella. 

Clara a sus 22 años había perdido su tierna sonrisa y el brillo inigualable de sus ojos pardos. Años atrás su sensualidad la sedujo, aprendió de los lujos y placeres de la vida y empezó a sintetizar sus deseos. Ella me utilizaba a su antojo y yo la amaba aún más, como quién ama a su vida. No, yo no me amo, ni nadie me ama, soy otro bohemio pero reprimido, reprimido por ella y su vida alegre. Podría ser el guardián de sus reuniones nocturnas y el cenicero de su último cigarro, mientras permanezca conmigo, bostezando bajo el mismo techo por minúsculas horas. 

Este partido de ajedrez me es menos interesante que el horario, ella no espera encontrarme pero he llegado con los ojos en las manos y este vino con sabor a sus caprichos. Ella regresa en minutos y mi vida por fin comenzará.




martes, enero 01, 2013

2013


Minutos antes de las 12:00 am

Hace días pensaba en el escrito sobre el año que ya caducó, no se me ocurrió nada bueno.
Minutos antes de las 12:00 am me encontraba en el sillón, sola, mirando a la nada con mi guitarra entre los brazos, tocando "What are you doing new years eve?". Podría parecer muy amante de este instrumento de seis cuerdas con una silueta seductora, pero no, no con exactitud. Luego de canciones, empezó la noche.

Podría ser demasiado selectiva en escoger sucesos maravillosos del año 2012. Entre tantos otros, la universidad, ella me despertó brutalmente mientras mi sociedad me sacudía a su antojo. Para variar, yo me hundo en ella a mi conveniencia, típico mal. En ese espacio de libros y conversaciones inconformistas, fabriqué a mi mejor amigo. Mi buena música me vino de golpe y de sorpresa, como quien espera lo inesperado. Mis clases musicales que amé profundamente, podría pecar en llevarse el premio a mejor "todo" del año. La familia de siempre, los amigos y grandes amigos. Mi respirar, mi paz inquietante, mi caricia a largo plazo; mi idilio. Entre tantos conceptos equivocados entendí sobre "libertad" la pregunta del verano anterior (entre otras más, claro). Como sea.
Mi 2012 se va rebalsando "experiencias".

¡Feliz año 2013!