martes, mayo 07, 2013

Escena II



Desperté acurrucada sobre su silueta, con los brazos tibios y sus ojitos húmedos. Me miró como siempre; de reojo, entretanto su débil sonrisa armonizaba con la mañana. "Nos vemos extraños en el espejo" me dijo, mientras abrazaba mi pequeña y tersa figura.

"Eres la persona que más quiero junto a mi madre, bueno, estás por ahí, Lina" ya no sentía ese extraño correteo relajante, cuando escuchaba un "te quiero" de sus labios tercos. Incluso la emoción ya no me desbordaba el alma, ubicada entre sus pupilas, no. Lo que sucedía iba más allá que un querer mutuo o alguna clase de fraternidad selecta, iba más allá que un sentimiento humano, normal o natural. Cruzamos esas calles vacías que abrumaban la noche de aires secos y luces opacas. Pasaban las horas entre cuentos y cigarrillos. En minutos nos vimos abrazados, rodeando sus labios con los míos, y encontrándonos como quien encuentra un objeto perdido de una infancia infeliz. Me disipaba entre sus dedos, entre la telaraña de su mirada tersa y su voz que secuestraba mis pasiones sedientas a él; a mi. 

Entonces desperté acurrucada en la nada y él emanando miradas kilométricas. Nuevamente, respirándonos a diario y en silencio.  



3 comentarios:

  1. Preciosos esos momentos, son los mas lindos que recuerdo..eso si, tuvieron que enseñarme a apreciarlos y a necesitarlos..ahora los extraño....
    Muy lindo texto, tierno, como debe ser ese momento tan especial, mas divino que humano...
    Escribes muy buen...te sigo :)
    Bendiciones...

    ResponderEliminar
  2. te he nominado a un premio en mi blog: http://loca-entre-cuerdos.blogspot.com.es/2013/05/nuevo-premio.html :)

    ResponderEliminar
  3. Qué bonito, me gustaría poder vivir algo así pronto...
    un beso.

    ResponderEliminar