jueves, diciembre 06, 2012

Freund

Entre tus dedos



Mientras tu voz se sentía desde el otro lado de la puerta, yo cuidaba mi respiración tras mi llegada. Me abrazaste como si el momento dependiera de ello: "te extrañé" y tu verbo era tan desconocido como el mío. Nuestras conversas volvieron a ser las de antes, un error del momento, nada fue como antes. 
Cuando te conocí creí haber encontrado al típico chico loco, inmaduro, triste, enfermo y autodrestructivo. A los 34 minutos en el balcón de una clase que aún no empieza, ya filosofábamos del amor y sus verdades, mientras acomodabas la carpeta a centímetros más cerca de la mía. Horas de horas entre laberintos de ideas inconclusas y esa manía de reír por cositas que solo nosotros entendíamos. 
En esos tiempos en donde los días eran tan sencillos como respirar, solíamos caminar por el centro y mientras adentrábamos las calles de Quilca te comenté que amaría escribir poemas en una de las servilletas del Queirolo y que un mozo interesado lo publicará en un acto gentil, como ocurrió con alguno que otro literato. Mirabas tus pasos y me dibujaste una sonrisa sarcástica: "Si eres muy buena, con suerte publicarán tus poemas cuando mueras, serás famosa". Golpee tu hombro derecho con mis manos y reímos porque después de todo era broma (eso espero). Nuestra promesa de siempre, ingresar al Queirolo con una considerable cantidad de libros consumidos durante el trascurso del año. Semanas después nos vimos apoyando los codos en una de sus mesas, mientras observábamos fotografías en blanco y negro estampadas en todas las paredes como trofeos del bar. Aquel día descubrí tu oculto interés por la literatura, lástima que a los cortos minutos se introdujo bruscamente la política y sus abusos.
Nuestros paseos de pasadizos acostumbrados a nuestro andar se convertían en la rutina de cada mañana, los alfajores acompañados de nada, tus bolitas de papel que secuestraban mi mal humor, el bolsillo mágico y pequeño de tu mochila negra que siempre guardaba un dulce para mi o nuestros gritos mientras te perseguía por todo el lugar, son detalles. Son solo detalles que hasta el olvido recordará.
Ahora yo no entiendo como nuestra antepenúltima conversación se transformó en un medicamento brutalmente depresivo para mi.
Me jode alejarme. Eres mi mejor amigo.





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