lunes, noviembre 26, 2012

Carta a un cantautor guatemalteco



-Estoy triste de no estarlo.
-¿No estar, qué?
-Triste

Ya nadie escribe sobre corazones. A decir verdad ¿cuándo fue la última vez que te sentías la especie más cursi que se vende por unas cuantas canciones de amor? ¿Nunca? ¡Mientes!
Tengo problemas con la cantidad de romanticismo que se le inyecta a una relación, porque esas vías deformes de amoríos intensos ya las conozco y no llegaron al destino indicado, me fue mal, siempre me va mal. No, no intento contarte la historia de siempre, como para que rías en silencio mientras finjas continuar la lectura. La idea es esta: tu tiempo por una canción.
Aveces llego a casa después de un día agitado entre visitas a la antepenúltima carpeta de la derecha, mis libros y los discursos que de vez en cuando recuerdan ser míos. Me tuerzo el orgullo y entro a mi habitación infectada de escritos, recuerdos que gritan libertad ¡libertad! bah, como si yo fuera libre. Es cuando me siento débil a su recuerdo, a lo que fue hace un par de semanas, días, horas. Prendo el muñequito de colores y sonrió por lo cursi que puede tornarse ese momento. Quiero colorearte la situación. Estoy triste de no estarlo, porque agonizar por un dolor del pasado, es más sencillo, cómodo, eficiente y satisfactorio, si de literatura hablamos. Pero no, no es así.
En fin, tú entiendes de estas cosas.




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