jueves, noviembre 22, 2012

Rafael




¡Que noche para intensa!
Últimamente te has convertido en ese dilema que alberga todos mis males, ese virus sin cura que poseen los humanos y que se da a mostrar solo cuando la amiga rutina llega a casa: la indiferencia.

¿Por qué?
Me he convertido en los pequeños detalles que añorabas despacio y en silencio. Me he convertido en la musa de actuales retratos y versos a veces tan perversos cuando se oyen y no se leen. Me he convertido en la dulzura de tus mañanas y la ternura de tus noches. Me he convertido en lo frágil de ese aliento de cuerpos entrecruzados. Me he convertido en palabras perfectas para describir mi supuesta perfección. Me he convertido en la búsqueda incansable de debilidades, que ahora son mis debilidades. Me he convertido en ese "te amo", en esa frase que aprendí a vociferar al instante. Me he convertido en ese "te amo", en esa frase que aprendí a vociferar al instante. Así es, lo repito dos veces por si el olvido roza tu imaginación.

7:30 pm
Ahora intento bordear con mis ojos el lugar, como letras de Trémolo - Pienso en ti pero en otros términos. Así lo recuerdo, como el regalo que nunca acepté, entre lineas blancas que vienen y van, como si anunciarán algo. Tal vez me señalan el tiempo, recorriendo con ellas fragmentos de mi sangre ajena, mientras mi inconsciente arruga estas hojas sueltas con el lápiz. Tus pensamientos duelen a la distancia, como tu indiferencia en su auge y con ella las muecas de esta noche de noches.

Espero y no llega. No llegará.

Pienso aferrarme al trago que guardo en el bolso y a los consejos de amiga, que en la solapa de un libro descansan hasta hoy. Estas circunstancias me recuerda cuando niña, esos años donde lo malo era bueno y lo lindo era más lindo, donde todo era perdonado con una sonrisa y listo.

Estas calles sin ti ya no son las mismas. No, no son las mismas. No recuerdan tu silueta casi marchita, porque ahora el tiempo es ajeno a nosotros y mis errores son propios a nuestros líos de idilios. Esos líos que suelen competir en silencio mientras doblamos la esquina, con la esperanza erguida a encontrarlo, como hoy, como siempre. 

Los minutos se hacen largos a esta gran altura, con el césped húmedo y estos aires violentos de verano. No me gusta esperar lo que no sucederá.

"No llega. Solo hay dos explicaciones:
Uno: No lo leyó.
Dos: No pudo tomarse un tiempo para entenderlo porque tres tipos atracaron un banco y lo cogieron de rehén. Seguidos por la policía pudieron huir. Pero él provocó un accidente Al recobrar el conocimiento, no recordaba nada. Un ex-preso lo paró a dedo y creyéndolo en fuga, lo mandó en barco hasta Estambul. Ahí conoció a unos afganos que le propusieron irse con ellos a robar misiles rusos. Pero el camión explotó con una mina en Tadjikistan. Sobrevivió, lo recogieron unos montañeros y se ha hecho muhajeddin. Y yo me niego a preocuparme por alguien que pasará toda su vida comiendo bortsch con un tiesto en la cabeza."

Alguien baja las escaleras con una singular rapidez. Rafael esta aquí.


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